Palabra de Dios Tú lo dices soy rey
El evangelio de hoy nos propone de nuevo una parte del dramático interrogatorio al que Poncio Pilato sometió a Jesús, cuando se lo entregaron con la acusación de que había usurpado el título de “rey de los judíos”. A las preguntas del gobernador romano, Jesús respondió afirmando que sí era rey, pero no de este mundo (cf. Jn 18, 36). No vino a dominar sobre pueblos y territorios, sino a liberar a los hombres de la esclavitud del pecado y a reconciliarlos con Dios. Y añadió: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18, 37).
Pero ¿cuál es la “verdad” que Cristo vino a testimoniar en el mundo? Toda su existencia revela que Dios es amor: por tanto, esta es la verdad de la que dio pleno testimonio con el sacrificio de su vida en el Calvario. La cruz es el “trono” desde el que manifestó la sublime realeza de Dios Amor: ofreciéndose como expiación por el pecado del mundo, venció el dominio del “príncipe de este mundo” (Jn 12, 31) e instauró definitivamente el reino de Dios. Reino que se manifestará plenamente al final de los tiempos, después de que todos los enemigos, y por último la muerte, sean sometidos (cf. 1 Co 15, 25-26). El camino para llegar a esta meta es largo y no admite atajos; en efecto, toda persona debe acoger libremente la verdad del amor de Dios. Él es amor y verdad, y tanto el amor como la verdad no se imponen jamás: llaman a la puerta del corazón y de la mente y, donde pueden entrar, infunden paz y alegría. Este es el modo de reinar de Dios; este es su proyecto de salvación, un “misterio” en el sentido bíblico del término, es decir, un designio que se revela poco a poco en la historia (cf. Benedicto XVI, Angelus 26-XI-2006).
Aceptar a Jesús como Rey significa vivir con su estilo de vida, ser fiel a su enseñanza, tener un corazón como el suyo, con sus mismos sentimientos y actitudes.
Esta Palabra te invita hoy a preguntarte qué significan de verdad Jesucristo y la Iglesia en tu vida. ¿Es de verdad el Rey de tu vida? ¿Ocupa el centro de tu corazón? ¿Te fías de Él? ¿Le obedeces por encima de las modas? ¿Quieres seguirle cada día?
¡Anímate! ¡Decídete a seguir a Jesucristo en la Iglesia! ¡Ábrele tu corazón y déjate llenar por Él! ¡Vive como un auténtico discípulo suyo! Tu vida cambiará, encontrarás la paz y la felicidad y alcanzarás la vida eterna.

